miércoles, 8 de abril de 2009

Cooperativismo: Esperanza de Liberación. Cap. IX


CAPÍTULO IX:

CIENCIA Y PLANIFICACIÓN COOPERATIVISTA





Los pueblos desean ardientemente acabar con el atraso económico y cultural e incorporarse al progreso general. Pero este camino no puede ser emprendido sólo con deseos subjetivos. Es preciso que, además se den favorables condiciones históricas objetivas, para las cuales tienen una importancia decisiva el incremento del papel de las cooperativas.
La lucha por la democracia, por una activa participación del pueblo en la gestión de los asuntos de sus países y la presión sobre los gobiernos es a la vez una lucha por la consolidación de la independencia económica. Tal lucha no se halla por lo tanto en contradicción con las exhortaciones de paz sino que, por el contrario, fortalece la paz pues allana el camino al desarrollo democrático de estos países.
Podemos afirmar que la lucha por la paz responde a verdaderas exigencias de los pueblos, para llevar a cabo con éxito las transformaciones sociales que puedan realizarse en uno u otro país.
El movimiento de liberación nacional forma parte del movimiento revolucionario mundial, pero aplicando medidas resueltas y eficaces.
Con hechos y no palabras el movimiento cooperativista es el sistema que contribuye al progreso y a la libertad. Además de prestar una ayuda inapreciable al progreso social en los países que sostienen una lucha de liberación, crean el espíritu de solidaridad a nivel geopolítico.
Es indudable que los éxitos serían aún más grandiosos si se aprovechasen con más plenitud las ventajas de la economía socialista y si se consiguiese librar al sistema de planificación y dirección de la producción de aquellos defectos sustanciales que adolecen.
Ahora, los que tienen en sus manos la dirección práctica de la economía socialista se convencen cada vez más de la necesidad de que la producción y las ciencias económicas se desarrollen paralelamente en estrecha vinculación e incluso en mutuo condicionamiento.
Los defectos de la gestión económica cooperativista, tanto en las distintas empresas como en el conjunto de la economía nacional, se deben en gran medida a que el divorcio entre la teoría y la práctica aún no han sido totalmente superados.
A la práctica no puede satisfacerle una situación en la que el estudio de las leyes económicas se limitan muchas veces a la formulación de definiciones generales. La elaboración de las bases de la política económica y la dirección de la economía exigen que se analicen profundamente los fenómenos concretos y se determinen las vías de utilización consciente de las leyes en cada rama de la actividad económica. Al mismo tiempo aumenta la desconfianza hacia el empleo de métodos puramente empíricos en la evaluación de la labor práctica. El acontecer se encarga, entonces de mostrar en forma cada vez más rotunda, la insuficiencia de tales métodos para poder esclarecer todo el conjunto de procesos económicos en desarrollo y para controlar el mecanismo de la evolución de la economía.
La unión de la teoría con la práctica exige la superación de otro defecto: el insuficiente desarrollo de los estudios económicos ligados con la producción. Así, allí donde se ha alcanzado un nivel bastante alto de las investigaciones teóricas, aparece con toda claridad la insuficiencia de aquellos eslabones encargados de asegurar el paso de la teoría a la práctica y viceversa. A la vez que se amplían los servicios técnicos en las empresas, las oficinas tecnológicas y de proyectos, las secciones experimentales, es preciso crear la base material y organizativa de las investigaciones referidas a la economía y a la organización de la producción y del trabajo, para aplicar a la producción los resultados de tales investigaciones. La experimentación y la experiencia se encargarán de sugerirnos la forma en que esto puede llevarse a cabo, creando y desarrollando los servicios económicos de las empresas, los laboratorio económicos, los laboratorios laborales, etc., estableciendo en las empresas, además del cargo de Ingeniero jefe, el de economista jefe.
Hoy ya no es objeto de debate la necesidad de asegurar un desarrollo de la teoría económica y descubrir y superar las frecuentes desproporciones que surgen entre el nivel de desarrollo de la producción y las formas de su organización. La ciencia económica sólo podrá desempeñar su papel en el desarrollo de la producción siempre y cuando esté estrechamente relacionada con la práctica. La planificación científica y las investigaciones económicas, así como la aplicación de sus resultados a la práctica son en la actualidad uno de los principales problemas de la labor de dirección económica de las empresas cooperativas.
La teoría económica está llamada a asegurar la dirección racional de todo el proceso de desarrollo de la producción. Para ello se requiere una profunda elaboración científica de los métodos de gestión económica sobre la base de los adelantos de la teoría y con una vasta aplicación de los métodos matemáticos y la moderna técnica electrónica. La dirección de la economía contemporánea exige que se estudien no sólo las bases fundamentales del desarrollo de las fuerzas productivas y las principales proporciones de la producción y distribución, sino también las formas, los métodos y recursos que han de asegurar en cada espacio de la actividad y en cada sector los resultados óptimos.
La lentitud con que se aplican en la práctica los resultados de las investigaciones económicas, cuando se intenta analizar los problemas económicos del sistema cooperativista, hace que tengan significación e importancia los sistemas de determinación de precios y salarios, los métodos de la evaluación de la productividad del trabajo y de cálculo de los costos de la producción y de gastos para elaboraciones básicas, los métodos para determinar la eficacia de las inversiones, el progreso técnico, la especialización de la producción, los principios de la distribución territorial de las fuerzas productivas.
La nueva etapa del desarrollo de la cooperación reclama la elaboración de principios y métodos únicos para la confección de balances.
Similares problemas se plantean también en la economía de las distintas ramas (industria, agricultura, construcción, transportes, etc.). Cada una de ellas se debe regir por leyes especiales, que deben ser tenidas en cuenta al determinar las orientaciones que ha de seguir la división de trabajo.
El facto decisivo para el buen desarrollo de la economía basada en un sistema de cooperación es el crecimiento de la productividad del trabajo social, la elevación incesante de la eficacia en los gastos de trabajo. Para lograr estos objetivos se precisa de la utilización cada vez más racional y económica del trabajo. Muchas veces se le da preferencia a las asignaciones para la maquinaria destinada a elevar la productividad del trabajo, frente a las asignaciones para conseguir un ahorro de energía, materia primas y materiales auxiliares.
El establecimiento de un nivel adecuado de materias primas, materiales y artículos terminados con destino a la producción y al consumo tiene una gran importancia para asegurar un elevado ritmo de desarrollo de la economía.
El volumen de las reservas debe responder a la exigencia de la renovación continua e ininterrumpida del proceso productivo, pero no deben superar dicho nivel, pues tales reservas constituyen una parte del fondo de acumulación. Si el nivel es superior a lo previsto, hará que se eleve inútilmente la parte correspondiente a la acumulación a expensas del consumo y se altere la correlación entre las reservas y las inversiones, a expensas de estas últimas.
En el sistema cooperativista se dedica gran atención a la reducción de las reservas hasta el nivel verdaderamente necesario y a la aceleración del ritmo de circulación de bienes y productos.
El desarrollo armónico de la producción obliga a que no sólo se tenga en cuenta las vinculaciones entre las distintas ramas de la fabricación de medios de producción, sino también que se determinen las proporciones de la producción de artículos de uso y consumo sobre la base de un análisis de la demanda de los mismos.
Si no se conoce la estructura de la demanda de consumo y la tendencia de su variabilidad no se puede determinar con acierto las tareas de las ramas de la Industria que suministran artículos industriales de consumo y productos alimenticios.
Es necesario una permanente revisión de los sistemas de planificación en rigor y de los consiguientes estímulos del interés material, que en su forma actual constituyen a veces un obstáculo para el cumplimiento de los planes de producción en cuanto al surtido y calidad.
Otro elemento que debe ser examinado es el de la formación de los precios. Es un error opinar que entre los precios de los medios de producción y los precios de los artículos de uso y consumo no existe una interdependencia objetiva y que los precios de los medios de producción pueden ser establecidos libremente. Tal punto de vista lleva al establecimiento casual de los precios de los medios de producción, frenando el desarrollo de las investigaciones económicas.
El establecimiento de un sistema racional de precios de los medios de producción exige que se elaboren adecuados métodos de los cálculos de los gastos y que se determine con rigor científico el nivel de las acumulaciones y las ganancias.
El perfeccionamiento de la estructura y organización de la producción sobre la base de los principios científicos que surgen de las leyes de desarrollo de las fuerzas productivos brinda posibilidades para proceder a la mecanización y automatización de los procesos productivos a la vez que moviliza grandes reservas de crecimiento de la producción en cantidad y eficacia.
Cada rama de la producción debe ser considerada en forma integral, desde el punto de vista de la especialización y organización compleja de la producción, así como también de una distribución científica de las fuerzas productivas.




Reinaldo José Enríquez Bavio
Reinaldojosenriquezbavio.blogspot.com
rjenriquez1@yahoo.com.arEltabanoguarimbero.

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