miércoles, 8 de abril de 2009

Cooperativismo: Esperanza de Liberación. Cap. VI


CAPÍTULO VI:

LA SOCIALIZACION COOPERATIVISTA



La renovación científica y técnica impone cambios súbitos en la tecnología que mejora la calidad, disminuye los costos y provocan la aparición de innovaciones lucrativas. Para ello es preciso tener laboratorios, oficinas de diseño, centros para el estudio de publicaciones científicas y técnicas y de patentes.
Estos servicios requieren grandes gastos, pero sólo proporcionan el efecto deseado cuando se tiene un alto nivel de concentración de los estudios científicos, lo que no se puede conseguir, en el capitalismo, sino mediante una más amplia concentración del capital y la producción.
La producción dentro del sistema capitalista proporcionará buenos beneficios sólo si dispone de un mercado amplio y estable, con una competencia moderada.
A una mayor especialización en la producción de determinado producto, le corresponde una cooperación más amplia con otras producciones conexas tecnológicamente.Cuando más se profundiza la división social del trabajo y más se amplia la cooperación, tanto más fuerte es la tendencia a las absorciones y fusiones, en función de las relaciones tecnológicas.
El próximo paso que realizan las grandes empresas multinacionales es la adquisición, mediante fusión, compra del paquete accionario, de las empresas proveedoras de insumos, cuando interpretan que su producción es estratégica para su consolidación monopólica en el mercado.
La centralización del capital no podría ser tan amplia y rápida si no lo estimularan los gobiernos de los países subordinados.
Conforme aumenta la concentración, el Estado burgués incide más y más en ese proceso.
La concentración del capital, lleva a un inmenso despilfarro de las riquezas nacionales, entorpeciendo el empleo de ellas en bien de toda la sociedad. La gran masa de valores creados por los trabajadores no eleva el nivel de vida de éstos, pues de una parte cada vez mayor se apoderan quienes detentan el poder de las empresas multinacionales. Asi, para conformar a los accionistas , los dirigentes de las empresas expolian a los trabajadores para obtener mayor productividad, con ahorro de costos, asegurándose de esta forma su puesto de mando. En este accionar queda reflejada la explotación del hombre por el hombre.
Ante nosotros tenemos, entonces, una realidad compuesta de elementos complejos y de circunstancias cambiantes. Todo ello requiere estudio y análisis para llegar a sus raíces y poder asumir actitudes y proponer soluciones valederas. Resulta entonces hasta negativo estancarse en una verdad definitiva ó rendir culto a una única fórmula de acción, sin buscar nuevos derroteros.



La actitud de mero espectador ó de crítico que reclama respuestas acabadas a todo lo que pregunta para no hacer nada reconoce una complicidad de quienes, mientras no “sientan en carne propia alguna mordedura”, dejan para otros “ arreglar el mundo”.
Si bien todos tenemos, en algún grado, responsabilidad en los procesos sociales, nadie deja de recibir en alguna medida el impacto de la situación circundante. Lo que no se debe aceptar es la acción de quienes, siendo conscientes del peligro, siguen obcecados en un doctrinarismo estéril, discutiendo sobre todos los problemas pero sin buscar como atacarlos allí donde se generan, plantean y deben resolverse.
Se debe tratar, en definitiva, de “no filosofar en torno al mundo y sus desgracias, sino de transformarlo”.
Y es aquí donde adquiere su real dimensión la filosofía práctica, popular y experimental del cooperativismo, ofreciendo uno de los aportes concretos más importantes del siglo XX y el actual..
El movimiento, el método y la finalidad perseguida por el cooperativismo, introduce con fuerza un nuevo concepto de la noción de autoridad de Estado y una nueva forma de definir el gobierno. Allí reside, indudablemente, el carácter revolucionario del cooperativismo.
En ningún estatuto, reglamente, contrato ó convención del movimiento cooperativo se acepta ni se menciona el uso ó el principio de coacción ó empleo de la fuerza.No por eso deja de existir orden en su Movimiento, pues nunca hay orden social verdadero si éste existe apoyado en la violencia. Las luchas por el poder y el hambre voraz de lucro arrojan más combustible al incendio del capitalismo.
En la medida en que el inquieto ingenio del hombre avanza, se divide el trabajo y se multiplican los factores de la organización técnica é industrial, la red de ayuda mutua y de la cooperación es cada vez más importante, hasta que llega el momento en que, sobreponiendose a las divergencias, se comprende la condición soberana del contrato cooperativo regido por sus famosos siete principios.
El tema central del ideal cooperativista es que la única ayuda eficaz que pueden esperar los trabajadores, y el pueblo en general, ha de ser resultado de sus propios esfuerzos.
La revolución que postula el cooperativismo es la opción más generosa y racional.Solo el poder con privilegios apela a la fuerza y a la violencia.
El capitalismo, en su actual crisis, demuestra que es un sistema originado en y por la lucha de grupos opuestos. La capacidad popular del cooperativismo, una racional organización del trabajo y una distribución cooperativa de todos los beneficios de la industria urbana y rural que retornan al consumidor, dan justicia plena al productor, siendo esta la primera etapa superadora.
El siguiente paso es establecer una tendencia organizativa, orientando el movimiento cooperativista hacia la formación de grandes uniones orgánicas cooperativas, afianzando el comunitarismo indefinido.
La economía y el esquema cultural y ético nacido bajo el signo del voluntariado y la cooperación, fueron siempre una creación a medida del hombre y para prestar servicios, no para lucrar ú oprimir.
El mecanismo social y económico cooperativo es en beneficio del trabajo, que vuelve a la totalidad de la población en forma de excedentes ahorrados en función del mismo sistema cooperativista.
La bomba aspirante de la economía capitalista debe ser paralizada para ser reemplazada por un sistema de vasos comunicantes, a través del cooperativismo, más apto para distribuir con equidad las riquezas, en este tiempo de transformación, propia de toda civilización en camino de desarrollarse revolucionariamente. Es aquí donde la acción social del movimiento cooperativista surge en momentos en que la tecnología científica se adelanta aceleradamente con hallazgos revolucionarios capaces de reconstruir el medio social y la conducta colectiva, con medios y recursos de comunicación nunca soñados.

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Reinaldo José Enríquez Bavio
Reinaldojosenriquezbavio.blogspot.com
rjenriquez1@yahoo.com.ar
Eltabanoguarimbero.

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